
Desde que tengo uso de razón un negocio de loterías, cigarros, refrescos y venta de cervezas mantuvo a la familia, nos construyó una buena casa, nos pagó la universidad, mandó a mis hermanos a estudiar y a vivir en el extranjero, y hasta quedó plata para que mi papá pudiera lanzarse sus canitas al aire, obvio, sin la ayuda de mi mamá y su sueldo quizás hubiese sido un poco más difícil, pero el hecho es que ese negocio nos dió de comer durante unos 20 años. Es una taguarita, cuatro paredes, un techo de zinc y bien feo por cierto.
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